Corría el año mil quinientos y un eclipse solar asombraba a todo cuanto humano pasaba por debajo. Algunos pensaban que era un Dios enfadado empezando el Apocalipsis; otros deducían que era cosa de brujería, y solo algunos sabían la verdad verdadera de la traslación y la rotación, pero esos últimos se callaban para no spoilear a años de investigación científica. En una paradita se vendían como rosquillas ejemplares de la nueva obra de Salem Salamaki “Qué hacer si se acaba el mundo”, a un precio especial de ocho corines. Al vendedor se le caía la baba y le importaba bastante poco si el mundo se acababa o no porque él, ya era rico, y siempre es mejor morir con dinero que sin él.
En ése momento, Helena Dalton se preguntaba qué túnica ponerse. Su armario era como una batalla de tela arrugada y llena de hormigas ya que hacía una semana se le había olvidado una piruleta en el bolsillo. Al final le dio asco hurgar más en aquel mundo de insectos y asaltó la habitación contigua para robarle unos pantalones y una camiseta a su hermano mayor Robert.
- Putos modistas! –exclamó la joven al sentirse tan tremendamente cómoda en ese conjuto -. Quién fuera hombre para siempre vestir así!
Y tan contenta salió a la calle para contemplar mejor el místico acontecimiento que estaba sucediendo.
Poco esperaba que en los siguientes minutos una pandilla de aprendices de hechiceros franciscanos la iban a unir a su grupo de Hombres Unidos Para Hacer Magia tomándola por un chico.
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me encantan los relatos de época xD
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